jueves, 18 de febrero de 2010

La Masacre de Las Dos Erres (I)

 

 

 

 

 

 

 

Opinión:

elPeriodico

La Masacre de Las Dos Erres (I)






Se identificaban con una cinta roja en el brazo...
Por: Miguel Ángel Albizures
Según el testimonio de sobrevivientes, la matanza ocurrió entre el 6 y el 8 de diciembre de 1982, cuando elementos del Ejército llegaron al parcelamiento, tendieron un cerco que impedía la salida a los pobladores, sacaron de sus casas a todos, a las mujeres y niños las concentraron en la iglesia y a los hombres en la Escuela para someterlos a interrogatorio, mientras otros vaciaban las casas y, en carretones, se llevaban los muebles y aparatos de valor. Todo el que iba llegando al parcelamiento era detenido.

Según declaraciones de ex patrulleros civiles, quien dirigió los operativos fue el Teniente Carlos Antonio Carías López, quien hoy es prófugo de la justicia y, según dos soldados kaibiles que participaron en la masacre, se trataba de un comando especial que fue llevado de Retalhuleu a Petén, concentrados en la base militar de Santa Elena, donde, junto a otros recibieron instrucciones al llegar en la madrugada del 6 al parcelamiento. Todos los testimonios coinciden en que fueron elementos del ejército los que realizaron la masacre, incluyendo el testimonio de un niño de ocho años que, bajo los disparos logró huir entre los matorrales. En el informe “Guatemala Memoria del Silencio”, la masacre de Las Dos Erres aparece como “Caso Ilustrativo No. 31”, señala que: “El 5 de diciembre (los soldados) recibieron la orden de ir a Las Dos Erres, comunidad a la que la Inteligencia militar ya consideraba simpatizante de la guerrilla. La instrucción era registrar la aldea, matar a los pobladores y recuperar los 19 fusiles perdidos en la emboscada de Palestina.

Ese mismo día, a las cinco y media de la tarde, reunieron a la tropa y les ordenaron vestirse como los guerrilleros, es decir, con camisa verde olivo y pantalón de civil, y portar armas de uso común entre la guerrilla, aunque algunos conservaron su equipo de reglamento. El propósito de uniformarse como los insurgentes era ‘para que la población se confundiera y dijera que no era el Ejército el que andaba haciendo esas matanzas, sino que era la subversión’”.
Su forma de identificación era una cinta roja en el brazo derecho, a fin de no confundirse en el ataque. En cuanto a la conformación de la patrulla, “cada sub-instructor estuvo encargado de una escuadra de nueve hombres, y se dividía en grupos de asalto, municiones, apoyo, comunicaciones y seguridad… Nos dividieron en investigadores, rematadores y demoledores. Uno tenía que ser especialista para hacer eso, con corazón para hacer eso”, dijo un ex kaibil que hoy es testigo de los hechos. Continuará…

No hay comentarios:

Publicar un comentario